CESC: El factor diferencial

CESC: EL FACTOR DIFERENCIAL
¿Que supondría la llegada de Cesc al Barça o al Madrid?
Cesc al Barça:
La santísima trinidad.
Si Cesc Fàbregas fichase por el Barça, el club azulgrana se aproximaría a la divinidad, porque integraría en sus filas nada menos que a la santísima trinidad del fútbol mundial: un centro del campo con Xavi, Iniesta y Cesc sería un lujo; un exceso al que el resto de clubes debería rendir pleitesía y honrar religiosamente.
Pero existe una corriente de opinión en Barcelona que entiende que la llegada de Cesc no es prioritaria y abre el debate sobre si pueden llegar a jugar juntos los tres cracks canteranos. Es un debate estéril, por cuanto el 4-3-3 que usa el Barça absorbería y daría perfecta cabida al mejor trío mundial de centrocampistas, quienes compartirían, además del origen común, una misma filosofía y patrón futbolísticos.
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No obstante, y en méritos de la creciente moda de apostar por el músculo en perjuicio del arte, frente a rivales muy físicos y duros siempre queda la opción de “inmolar” a Iniesta, ubicándolo en la banda izquierda del ataque, y de asentar bíceps y cuádriceps en el pivote con Yaya Touré o Sergio Busquets, contrarrestando así la prestancia física adversa. Aunque los románticos siempre abogaremos porque el trivote de calidad sea la norma y otra cosa la excepción. Querremos un fútbol total basado en el refinamiento.
El Barça daría un golpe definitivo al mercado fichando a Fábregas, y se situaría en el lugar óptimo desde el que perpetuar su hegemonía en el fútbol continental. Porque si cuentas con Cesc entre los tuyos, adquieres los derechos de patente del fútbol de toque para la próxima década. Si empezásemos ahora a buscar en el mercado, desde cero, ¿cuánto tardaríamos en reunir a tres pequeños grandes genios que abracen el fútbol de toque y precisión como lo hace la susodicha santísima trinidad?
Hoy por hoy, se trata de un privilegio exclusivo de “La Roja”.
Cesc al Real Madrid:
El faro.
Y si Fábregas finalmente recalase en el Real Madrid, sucedería que el club blanco se hallaría en disposición de desplazar al Barça de Pep del lugar más alto en la jerarquía futbolística europea, porque el tándem Xabi Alonso-Cesc garantizaría la posesión del esférico, precisión y también fútbol de toque. Algo que la hinchada del Real Madrid reclama desde hace años.
El donostiarra y el catalán se constituirían en una buena mecha para la dinamita que el Real Madrid tiene arriba, con Kaká, Cristiano, Higuaín o Benzema. Los blancos se convertirían en un rival rayano en lo intratable, y el triplete que el madridista anhela estaría más cerca.
Además, hay que atender a un factor que siempre subyace en lo futbolístico: el hambre de títulos. Cesc padece esa hambre porque su padre deportivo, el alsaciano Arsène Wenger, no ha sabido encaminarle por la ruta del éxito colectivo. Se trata de un hambre expansiva que contagiaría al vestuario merengue, al tiempo que daría a la afición un ídolo nacional, del que carece mientras contempla el ocaso de Raúl González.
Cesc se crió en la Masia, lleva el ADN del fútbol de toque blaugrana y tal vez por ello desde Madrid se observa la posible llegada del 4 del Arsenal como la de un elemento discordante de una plantilla por otra parte excelente. Pero el Real Madrid lleva años buscando, un referente, un director de orquesta, un faro. Un jugador como Xavi Hernández le valdría, pero Xavi pertenece a un ámbito irreconciliable, mientras que casi nada impediría que Cesc Fábregas se erigirse en ese faro que arrojase su luz a una nueva época de hegemonía madridista.
Borja Pardo
