El argentino se sale en Can Barça // Y Messi cogió un pincel.

Otra vez Messi, otra vez un partido para el recuerdo y otra vez una demostración de su infinita calidad. En esta ocasión no le hizo falta ver portería para que los seguidores tengan cada vez más motivos para grabar sus acciones en la memoria colectiva. Y es que podríamos decir que el argentino no pertenece solo al Fútbol Club Barcelona sino que ya los amantes de este deporte lo sentimos un poco nuestro.
Ahora quizás no lleguemos a comprender la dimensión del privilegio que es poder ver jugar a Leo pero, dentro de poco seguro que lo veremos encuadrado en el “Hall Of Fame” balompédico. Por eso debemos ser conscientes del momento en el que vivimos, observando el apogeo de un meteóro incorrupto y ejemplar que maneja las dos piernas y marea defensas a diestro y siniestro. Sin duda se merece los dos balones de oro que posee.
Precisamente esas dos pelotas de incontables quilates son las que puso el rosarino ayer en el Nou Camp. Pato había golpeado primero y el Milan sacó el autobús del garaje y lo aparco delante del marco de Abiatti. Parecía que el asunto funcionaba. Los de casa chocaban una y otra vez contra el muro italiano, hasta que en el ocaso del primer tiempo apareció la Libertad para guiar al pueblo barcelonsta, portando un balón por estandarte, y le sirvió el gol a Pedro después de superar una maraña de piernas, como en el cuadro de Delacroix.
En la segunda parte hubo más festival poético sobre el tapete, Villa desequilibró las cosas y Messi seguía a lo suyo, cada conducción era una obra de arte y sus movimientos sin balón volvían loca a la zaga “rossonera”. Finalmente el elenco de Allegri igualo la contienda pero, si el buen jugador decide partidos, el excepcional está por encima del resultado.
No importa que los chicos de Guardiola volvieran a sus casas con cara de Picasso (o Miró). En sus casos hasta el objeto, la jugada, más insignificante puede exponerse para la posteridad, ¡que se lo digan a Duchamp!. No se preocupen por el resultado, el tiempo los acabará poniendo en su lugar sin necesidad de perder ninguna oreja.
